La educación musical: un mundo al revés

Idea → Palabra → Símbolo. Una secuencia más que lógica: un bebé primero es consciente de una idea (un objeto, una sensación, una acción…), luego la relaciona con una palabra y bastante más tarde aprende el símbolo escrito que la representa. Es así porque así lo dicta el desarrollo natural del niño: a nadie se le ocurriría enseñarle a hablar a un bebé con las letras del alfabeto ni con explicaciones sobre cómo se compone una frase.

Y si pensamos en la música: ¿hay algo que apunte a que la secuencia deba ser diferente? No. Grandes pedagogos musicales estaban seguros de ello y expertos en neurociencia cognitiva confirman que la música y el lenguaje comparten los mismos procesos de aprendizaje. Siendo así, ¿porqué tantos profesores de música insisten todavía en seguir la mencionada secuencia a la inversa? ¿Porqué tantos profesores aún siguen enseñando la música a través de los símbolos escritos y dejando para lo último lo que es la base de la comunicación musical: la comprensión de sus funciones tonales y rítmicas? ¿Por qué dedicamos tanto tiempo a enseñar a interpretar mecánicamente una partitura en lugar de enseñar a los alumnos a comunicarse a través de la música? (con un resultado paradójico: la tan deseada lectura de la partitura a menudo se resiente justamente por no estar respaldada por la comprensión musical).

¿Aires de cambio?

No son pocos los que han visto la falta de lógica y creatividad en este sistema de enseñanza. Muchos profesores ya se han replanteado sus métodos o están en el proceso buscando introducir la improvisación en sus clases, intentando devolver la alegría al estudio de la música y que los alumnos “aprendan música haciendo música”. Las actividades creativas mejoran el estado de ánimo de los alumnos y enseñan habilidades musicales: es inestimable su importancia en la educación musical.

Sin embargo, estas innovaciones pueden ser engañosas. Introducir más actividades creativas no necesariamente trae consigo un cambio en el modo de presentar los conceptos, que a menudo se siguen apoyando en los símbolos escritos, abordando la lectura casi desde el primer día incluso con niños pequeños.  Puede que los alumnos exploren nuevas sonoridades, conozcan acordes en sus improvisaciones y aprendan piezas con patrones sin partitura  – todo muy importante – pero  no siempre se profundiza en las relaciones tonales y rítmicas de la música que hacen. Existe el peligro de quedarse en lo superficial y dejar a los alumnos sin la capacidad de crecer musicalmente por su cuenta. Los alumnos lo pasan bien y entrenan habilidades importantes pero a menudo se desaprovechan los mejores momentos para el desarrollo de su pensamiento musical (lo que Gordon llama audiation).

El mejor momento de desarrollar la capacidad de los alumnos de expresarse con criterio musical (aunque sea a nivel básico); de manejar conceptos rítmicos y tonales con conocimiento y a reconocerlos en la música que escuchan, es desde el principio, cuando primero se acercan a la música. Esto es lo que les permite seguir creciendo musicalmente ellos mismos por su cuenta.

Suelen haber las mejores intenciones en estas actividades “innovadoras”, pero a los alumnos no se les proporciona lo necesario para comprender (y no sólo escuchar) la música que oyen; para crear más allá de jugar con sonidos o repetir fórmulas de poca variedad musical. Y como a la lectura se sigue abordando antes de tiempo, como resultado seguimos teniendo alumnos que se limitan a descifrar la partitura en lugar de “oírla”, a ejecutar lo que ven sin comprender el contenido.

No es fácil saber cómo enseñar de manera diferente a como nos han enseñado; por eso el cambio es tan lento. Aún dispuestos a hacerlo, es difícil cambiar nuestra manera de pensar la música (que desde nuestra primera clase se ha basado en los símbolos escritos y en lo teórico) para centrarnos en lo concreto, esto es: lo que se oye y se siente en la música. Aprendimos a hablar de la estructura de una escala mayor, de blancas y negras, de 4/4 y 6/8, como si fueran realidades concretas cuando no son sino símbolos y descripciones pertenecientes a la teoría musical, no a la música en sí. Nos olvidamos de que cuando éramos pequeños estos conceptos realmente no los entendíamos: los comprendimos finalmente porque teníamos facilidad o tesón para seguir con la música cuando muchos se desanimaban y la dejaban al ver que esta manera de enfocar el aprendizaje no les servía para comprender la música.

Así, nos topamos con que para enseñar lo fundamental en la música  (comprensión rítmica y tonal) debemos olvidarnos de la partitura y de nuestra costumbre de hablar sobre la música a través de sus símbolos y conceptos teóricos. Si realmente queremos enseñar el arte musical debemos proceder como los profesores de idiomas, que no enseñan letras sino sonidos en el contexto de una palabra, palabras en el contexto de una frase y frases en el contexto de una situación (suponiendo que se trata de comunicarse con el idioma hablado y no únicamente a leerlo). Para enseñar lo fundamental (comunicarse con la música) hay que empezar con lo que se oye y se siente, con lo concreto. Luego, los símbolos realmente significarán algo.

Así que deberemos reservar los términos “blanca”, “negra”, “corchea” y demás para cuando nos estamos refiriendo al símbolo gráfico en cuestión y no a una duración fuera de contexto, ya que su significado depende de este. Lo concreto son los pulsos que sentimos en la música: sentir cómo el pulso principal se divide en grupos de dos o tres pulsos secundarios; sentir cómo estos, a la vez, se dividen y cómo se forma una infinidad de ritmos con todas las combinaciones. Así mismo, las indicaciones 4/4, 2/4 y 2/2 o 6/8, 3/8 y 3/4 solo se diferencian sobre el papel, no auditivamente. Lo concreto es cuando sentimos como se agrupan los pulsos formando la métrica binaria, ternaria o irregular. Dejemos la indicación de compás para cuando escribamos la música – solo entonces es relevante.

De manera similar, fuera de contexto el nombre de una nota y su situación en el pentagrama tienen poca relevancia cuando hacemos o escuchamos música. Lo concreto es la relación entre las notas: la nota de reposo, las funciones tonales, todo lo cual no se ve a primera vista en una partitura: hay que oírlo, comprenderlo y aprender a utilizarlo. Luego se aprende a deducirlo de la partitura. Empezando con simples contrastes entre tónica y dominante en mayor y menor, se llega a distinguir auditivamente las funciones tonales de los siete modos así como sus acordes más complejos y otras prácticas fuera de lo estrictamente tonal.

Para un profesor acostumbrado a tener una partitura delante desde que tiene memoria, esto puede incomodar un poco. Nos sentimos perdidos hasta ver que, en realidad, es muy sencillo. ¿No somos músicos? Entonces hagamos música con el alumno – al nivel más básico al principio – y ayudemosle a entender cómo funciona para que pueda hacerlo por su cuenta. Así como jamás a ningún bebé, cuando empieza a hablar, le explicamos cómo se escribe mamá, a ningún alumno, cuando empieza, tenemos porqué explicarle ni qué representa una negra o una blanca ni cómo se construye una escala mayor, sino mostrarles la manera de comunicarse efectivamente mediante nuestra sintaxis musical. Más adelante, sin prisas, aprenderá fácilmente a reconocer lo que sabe en la música escrita.

¿Dónde empezar? ¿Qué es lo que conviene enseñar primero?¿Cuáles son los conceptos que debe asimilar el alumno a través de la escucha activa para luego nombrarlos y usarlos para crear música? Esto es lo que Edwin Gordon explica con su Teoría del aprendizaje musical. Empieza con el movimiento, la base de las emociones universales que la música representa. Coordinar el movimiento del cuerpo está entre lo primero que debe aprender un niño en la vida, y coordinarlo de manera fluída con la música es de lo primero que debe aprender cualquier alumno, sea niño o adulto, en su educación musical. Solo así podrá asociar el balanceo del cuerpo con la sensación de pulso, y conectar otras sensaciones de movimiento con cambios de tempo o con el fluir de la música, conceptos desprovistos de símbolos gráficos que el alumno debe aprender a identificar, nombrar y utilizar para hacer música.

Las relaciones entre los siete sonidos que forman los diferentes modos tampoco tienen una forma visual, pero como bebés que asimilan el lenguage con la ayuda sus padres, los alumnos de música deberían ser guiados por sus profesores en la asimilación de estas relaciones. Así que además de movernos, también debemos cantar – la mejor forma de absorber nuestra sintaxis musical.

Una vez el alumno haya asimilado los conceptos básicos pudiendo crear e interpretar sencillas ideas musicales propias con ellos, pasa a relacionarlos con la música escrita. No descifrando puntitos en un pentagrama sino viendo escrito los patrones que ya forman parte de su vocabulario, igual que cuando aprendió a leer. El profesor le guiará a reconocer estos patrones tonales y rítmicos – como palabras conocidas – y el alumno descubrirá como, dependiendo del contexto, pueden escribirse de diferentes maneras.

Con este bagaje de conocimiento y a una edad en que su cerebro ya esté preparado para el pensamiento abstracto (los expertos la sitúan no antes de los 10 a 12 años aproximadamente), los alumnos abordan con interés y entusiasmo las explicaciones teóricas oportunas porque ven su utilidad – son una respuesta a la necesidad de saber innata de los niños.

Esta sería una educación musical acorde con la secuencia lógica Idea → Palabra → Símbolo. Exponer los alumnos al mayor número de ideas musicales posibles en actividades creativas, sí. Pero no quedarse en eso. Así como los padres no solo hablan con sus hijos y les animan a expresarse, sino que les corrigen y enseñan cómo deben hacerlo (instintivamente a nivel muy básico primero, luego exigiendo cada vez más) los profesores deben guiar a los a alumnos a entender cómo se organizan todas esas estas ideas dentro de nuestra sintaxis musical – y a ver en qué se diferencian las diferentes maneras de hacerlo. Hay de asociar las ideas con palabras para distinguirlas y poder trabajar con ellas de manera independiente. E igual que los padres con sus bebés, no preocuparse de la lectura hasta cuando sea el momento idóneo de mostrarles el aspecto que tienen todas esas ideas en la música escrita. Al tenerlas asimiladas, los alumnos aprenden rápidamente a reconocerlas. Finalmente llegará el momento en que serán capaces de hablar con conocimiento sobre ellas de manera teórica.

Lo expuesto aquí no es, ni mucho menos, nuevo; pero por falta de saber cómo salirse de lo habitual, cómo iniciar un camino distinto y más acorde con la naturaleza del aprendizaje musical, la mayoría de los profesores, incluyendo muchos de los más innovadores, continúan enseñando según las viejas prácticas sin ser ni siquiera conscientes de ello.

La Teoría del aprendizaje musical de Edwin Gordon proporciona las herramientas para romper con lo habitual y enseñar siguiendo la secuencia lógica y natural. Es una teoría que nos permite saber qué, cómo y en qué momento enseñar para que nuestros alumnos se desarrollen musicalmente al máximo de sus posibilidades y puedan seguir creando, interpretando y aprendiendo música de manera independiente a lo largo de sus vidas.

¿Complicado? En realidad lo simplifica todo: no es más que hacer música con el alumno, empezando con lo más básico. Sí, hay herramientas nuevas que manejar y, como he dicho, hace falta cambiar nuestra manera de pensar para ir probando poco a poco las sílabas rítmicas, sílabas tonales y la secuenciación de actividades, pero pronto se aprecia la lógica de la teoría y cuando se ven los resultados en los alumnos – cómo tocan rítmicamente, afinan, improvisan con comprensión, saben acompañar, comprenden realmente una partitura, memorizan con facilidad – uno nunca quiere volver atrás. Es la educación musical al derecho, por fin.

 

 

 

8 thoughts on “La educación musical: un mundo al revés

  1. Hola Alejandro, gracias por el enlace – por suerte la situación que describo en mi artículo no es (ni ha sido nunca) universal. El artículo va dirigido más bien a la práctica extendida de enseñar la música en base a la notación y a la tendencia cada vez más popular de enseñar música activamente, sí (aprender haciendo música) pero sin ayudar a los alumnos a realmente entender lo que están haciendo, y a la hora de finalmente hacerlo, recurrir a lo mismo de siempre: la notación y la teoría musical. Te dejo este enlace a otra entrada de mi blog en la cual resumo las similitudes y diferencias entre la Teoría del aprendizaje musical de Gordon y las otras grandes pedagogías, incluido el método Willems – espero que la encuentres interesante: https://oidomusical.com/category/teoria-del-aprendizaje-musical/mlt-vs-otras-metodologias/

  2. Hola K.R:
    Me gusta mucho la propuesta de Gordon. Pero creo que el Método no descubre nada nuevo pues como contestó Alejandro , Willems hace más de un siglo ya vio así la Pedagogía Musical (basándose en el aprendizaje natural al igual que la lengua materna). Menciono a Willems porque he hecho la formación y sé de lo que hablo pero hay tantos otros basados en corrientes humanistas que han aportado muchas ideas (Dalcroze, Kodaly, Orff…) cada uno con sus peculiaridades y que no me parece justo dejarlas a un lado o apodarlas de “viejas prácticas”… me pregunto tras leer tu artículo si has leído , te has documentado o conoces esas pedagogías “tradicionales” que criticas porque enriquecería mucho todo lo bueno que comentas sobre el método Gordon. Pero lo dicho , infórmate porque creo que es muy imprudente hablar de algo que no se conoce y generalizar negativamente sobre los profesores de música …llevo 20 años trabajando con la Música en diferentes centros (Cole, Secundaria , escuelas de música ) , no sé si has basado los datos que comentas en tu experiencia o en estadísticas pero te aseguro que no he he visto ese panorama tan negativo que comentas , sino todo lo contrario , un esfuerzo por reinventarse y formarse para aunar la vivencia activa de la Música con la comprensión de su código como Lenguaje que es. Y por cierto, si el niño puede leer en el cole con 7 – 8 años y el lenguaje musical lo asemejas al materno por qué se ha de postergar la lectoescritura musical a los 10 – 12 años como comentas en el post??
    Creo firmemente en lo que nos enriquece conocer nuevas corrientes de pensamiento y unirlas a lo que sabemos , crear nuestros métodos eclécticos a partir de lo que conocemos … pero creyendo más en lo que nos une que en lo que nos diferencia y ahí es donde no coincido contigo pues partes de un sentir que no respeta ni admira el trabajo de los grandes Maestros que abrieron el camino con muchos menos recursos de los que tenemos hoy… y ahí están , con su reconocimiento y han podido con el filtro de la Historia… por eso estaría bien un poquito más de prudencia e información de las fuentes la hora de escribir …
    Muchas gracias

  3. Hola Paz, muchas gracias por tu comentario. Como dices, y lo dice el mismo Gordon, él no ha descubierto nada nuevo. Lo que ha hecho es abogar (como lo han hecho los otros grandes pedagogos) por volver a la sensatez en la educación musical, enseñando de acuerdo a lo que – y aquí está lo novedoso de la MLT – demuestran sus investigaciones sobre cómo aprendemos cuando aprendemos música. Mi artículo está dirigido, como le comenté a Alejandro, a lo que viene siendo la manera tradicional de enseñar música desde hace ya casi dos siglos, basándose exclusivamente en la notación musical y descuidando otros elementos como la improvisación y la comprensión musical. No iba dirigido a los otros muchísimos profesores que buscan otras vías. Gordon en ningún momento desprecia la obra de Willems, Dalcroze y otros: al revés, adopta muchas de sus ideas y reconoce su gran contribución a la pedagogía musical. Sin embargo, la MLT es diferente en algunos aspectos importantes. Te remito a mi artículo que trata justmente sobre las similitudes y diferencias entre la MLT y las otras grandes pedagogías: https://oidomusical.com/category/teoria-del-aprendizaje-musical/mlt-vs-otras-metodologias/. En cuanto a Willems en particular, sí que conozco su método y siempre me ha parecido válido; sin embargo después de estudiarlos todos, me quedo con la MLT porque su metodología está basada en investigaciones rigurosas que establecen tanto la naturaleza del aprendiaje musical como la secuencia aproiada de este aprendizaje. En respuesta a tu pregunta sobre la lectura musical, un niño de 6 – 7 años que aborda la lectura en el colegio ya lleva igual número de años immerso en el lenguaje. En cambio, no pasa lo mismo con la música, que, además, para comprender realmente su lectura (relaciones tonales y rítmicas por mencionar los aspectos más importantes) requiere – si no se enseñan auditívamente primero – de un pensamiento abstracto que a esta edad normalmente no está desarrollado. El resultado son niños que pueden descifrar una partitura pero no comprender la música que contiene. Te animo a que te adentres más en las ideas de Gordon, y verás que sí ofrece más que las otras grandes pedagogías, sin despreciarlas en absoluto sino construyendo sobre ellas. Agradezco mucho tu comentario y espero haber aclarado alguna cosa.

  4. Gracias por el post y por tu blog. Estoy aprendiendo mucho con todos tus artículos. Y comparto tus ideas completamente. Mi problema con los alumnos es que tienen su clase de instrumento conmigo y luego clase de lenguaje musical en un sistema tradicional entonces intento hacer algo intermedio para que comprendan lo que hacen en lenguaje. Así que no puedo usar la MLT tal cual pero sí tengo en cuenta la secuenciación de todas las investigaciones de Gordon (lo que conozco, todavía soy principiante). Estoy en un terreno intermedio de momento pero cada vez aproximando todo poco a poco a la mlt. Alguna sugerencia para estas situaciones? sobre todo trabajo muchos patrones! Gracias de nuevo

  5. Hola Juan! Qué bueno verte aquí! Estuve en tu misma situación durante muchos años – realmente hace sólo un par de años que estoy totalmente “libre” para aplicar la MLT en en todos sus aspectos sin las trabas que describes (y eso que todavía las encuentro porque muchos alumnos hacen música en el colegio y hay que aprender a navegar por los conflictos y confusiones que a veces aparecen). Estando todavía en la escuela de música decidí utilizar las sílabas tonales alternativas y las sílabas rítmicas para practicar patrones, a pesar de que los alumnos aprendían de otra manera en sus clases de lenguaje. Encontré que no causaban confusión sino que sencillamente eran herramientas distintas que ayudaban a que los alumnos comprendieran mejor la música (el Do móvil sí entra en conflicto, por eso uso las sílabas alternativas). Con los alumnos llegaba a un entendimiento de que en clase de instrumento hablábamos de cosas distintas pero complementarias a la clase de lenguaje. La mayoría veían la utilidad tanto de las sílabas tonales como las rítmicas, y muchos alumnos mayores, acostumbrados ya a lo tradicional, me pedían que las usáramos. Sólo en un par de ocasiones encontré algo de resistencia, pero esto lo achaco a mi propia inexperiencia en ese momento – luego fui encontrando la manera de presentarlo mejor. Un caso difícil de confusión ocurrió con un alumno que en el colegio aprendía con el método Kodaly, que tiene bastante en común con la MLT, pero las sílabas rítmicas no funcionan de la misma manera y esto le causaba confusión. Encima, resulta que la clase de música la hacían en inglés (con todo lo que me he esforzado con adaptar la MLT al castellano!).

    Donde realmente es difícil es cuando los alumnos están obligados a aprender una partitura cuando realmente no están bien preparados para leer con comprensión. Es aquí donde sencillamente haces lo que puedes y ya está, que cualquier cosa que hagas será mejor que nada. Sobre todo hay que introducir mucho movimiento libre y fluido y, como bien dices, muchos patrones, más algunas piezas sin partitura y bastante improvisación basada tanto en patrones rítmicos como tonales, intentando exponer a los alumnos a otros modos y métricas que no sean modo mayor y métrica binaria. Mucha suerte y ánimos, que estoy segura de que tus alumnos están aprendiendo muchísimo contigo!

  6. Gracias Kathy, te iré contando mis evoluciones. De momento ya he conseguido que entiendan todo lo que toquen y que consigan oír algo de lo que tocan, pero todavía el oído va bastante detrás de la compresión por desgracia.. pero el trabajo con patrones da muchos frutos así que confío en él. Si todas las clases se guiaran por el oído sería todo maravilloso..

  7. Sí da muchos frutos pero a la vez es un proceso muy lento – hay que intentar no tener prisa (es lo más difícil): repetir, repetir y repetir buscando maneras diferentes de hacerlo en forma de juego, para que poco a poco el oído se vaya formando. Intento no desesperarme y procuro recordar que cada pequeña mejora, aunque parezca poco, es un paso adelante.

El diálogo fomenta las ideas: os invito a comentar!

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