¿Modificar el entorno o adaptarse a él? La MLT en un mundo multicultural

Al ser el principal cometido de este blog hacer accesible en lengua castellana las ideas de Edwin Gordon y su Teoría del aprendizaje musical, muchos de los que lean esta entrada serán recién llegados al tema. Sin embargo, seguramente hay otros lectores que ya se dedican a la enseñanza musical según la MLT, y en esta ocasión me dirijo especialmente a ellos a modo de reflexión (aunque creo que también puede ser de interés para los recién llegados) con la esperanza de que les sirva para reflexionar sobre cómo llevar a cabo la aplicación de la MLT en un mundo diverso y multicultural (también publico la entrada en inglés aquí.)

Estoy convencida de que la Teoría del aprendizaje musical (MLT) de Edwin Gordon nos da las claves de una enseñanza musical respetuosa con el desarrollo intelectual del alumno y efectiva en la formación de músicos completos: músicos capaces no sólo de interpretar una partitura con su instrumento sino de comprender su contenido musical y expresar fluidamente y con buen criterio sus propias ideas musicales. Poco a poco la labor de los profesores de MLT alrededor del mundo se va notando, y es de esperar que se siga notando aún más en los próximos años.

Llegados a este punto de crecimiento del campo de la MLT, creo importante tener en cuenta que en cualquier corriente de pensamiento el propio convencimiento puede impedir ver una nueva realidad o valorar nuevos caminos a la misma meta. La cuestión se complica aún más si llevamos un bagaje cultural del cual no somos conscientes y hace que interpretemos esta nueva realidad de manera sesgada. Este tipo de pensamiento puede limitar la aplicación de la MLT en un mundo muy diverso y necesitado de soluciones diversas, y sería una lástima que este gran avance en la educación musical se viese perjudicado por maneras de pensar que obstaculizan su aplicación, sobre todo en países con culturas musicales diferentes a la anglo-germana.

Las personas que se dedican a la MLT son por definición personas de mente abierta, dispuestas a esforzarse para mejorar su manera de enseñar; en absoluto son personas cerradas que se dejan llevar por prejuicios. Sin embargo, tanto el país de origen de cada uno como nuestra actitud respecto a las ideas de Gordon nos pueden condicionar a la hora de confrontar ideas y prácticas nuevas o hasta ese momento desconocidas, y por el bien del crecimiento mundial de la MLT me parece no sólo útil sino necesario ser conscientes de ello y evitar que nos condicionen.

En estos últimos 15 años en el mundo de la MLT he podido distinguir, a grandes rasgos, tres tipos de “bagajes” entre algunas de las personas (por supuesto que no todas) que he conocido. No son maneras de pensar exclusivas del colectivo MLT, sino tendencias que se pueden encontrar en cualquier campo. Uno de ellos es el resultado de un desconocimiento (totalmente comprensible, por otra parte) de culturas diferentes de la propia – sobre todo si la propia es la cultura dominante – lo cual comporta la creencia de que en todas partes piensan y actúan igual que uno. Otro “bagaje” lo he encontrado en países fuera del ámbito de esta cultura dominante, donde he apreciado en algunos casos un cierto complejo de inferioridad que lleva a aceptar sin cuestionar puntos de vista venidos de fuera (los cuales suelen venir acompañados de una sutil aura de superioridad). El tercero no depende del país de procedencia: se da cuando el convencimiento de algunas personas llega a tal punto que les lleva a interpretar literalmente y sin matices las afirmaciones de Edwin Gordon, sin dar prioridad a la esencia de sus ideas más allá de sus palabras a la hora de adaptarlas a nuevas situaciones. Para ilustrar cómo estas maneras de pensar pueden condicionar la aceptación de la MLT alrededor del mundo explicaré con más detalles cada tipo.

 “Centrismo” cultural

Todos tendemos a creer que el resto del mundo hace las cosas como las hacemos nosotros – sobre todo si no hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en una cultura ajena y llegar a comprender sus costumbres. Incluso viajando mucho, si en esos viajes no compartimos la vida diaria de los nativos durante bastante tiempo es difícil evitar esta tendencia. Suele completarse esta creencia con la de que si los demás no lo hacen como nosotros, deberían hacerlo, actitud que se fortalece cuando nuestros países se encuentran entre los más influyentes del momento, o dentro del ámbito de influencia de éstos.

¿Cómo afecta esta tendencia a la MLT? Edwin Gordon, nacido en Estados Unidos, escribió en inglés y por lo tanto es fácil de entender que sus primeros seguidores fueran de países angloparlantes. En sus escritos, Gordon aboga por el uso del Do movible, un sistema que forma parte de su cultura y en la cual complementan el Do movible las letras como nombres de notas. Este sistema también es tradicional en los países de influencia germánica; por lo tanto, y gracias además al amplio conocimiento del inglés en estos países, la MLT se adapta fácilmente a todo el ámbito cultural anglo-germana. Como no podía ser de otra manera, cuando se empezó a aplicar la teoría en otros países fuera de este ámbito se hizo dando por sentado que la única manera de hacerlo era esta, y de hecho lo ha sido durante años. Sin embargo, la tendencia al “centrismo” cultural (por falta de otro término) se empieza a manifestar cuando, al ver que ya hay otra vía, algunos muestran su reticencia hacia ella con argumentos que revelan el bagaje que llevan.

Esta tendencia no tiene nada que ver con un nacionalismo xenófobo ni con una actitud negativa consciente hacia otras culturas por parte estas personas, quienes estoy segura que se dedican a la MLT con todo el altruismo del mundo y nunca albergarían sentimientos de superioridad cultural. Pero sí conlleva, en el caso de la MLT, la creencia entre algunos de que el sistema de Do movible con letras como nombres de notas es y debe ser la única manera de aplicar la teoría de Gordon, aun conociendo otra manera de hacerlo. Cuando una persona con esta creencia conoce una nueva propuesta, su primera reacción es de reticencia, y luego al comprobar que sí se puede hacer de otra manera, su segunda reacción es que no se debe.

Por ejemplo: frente a las evidencias que demuestran la viabilidad de sílabas tonales alternativas, sus razonamientos incluyen que se deben usar las sílabas del sistema de Do movible “porque es mejor”, “porque todo el mundo lo usa” (aunque en realidad la gran mayoría de países occidentales no lo usan), o porque si Ud. no lo usa no entenderá a los otros músicos cuando viaje a uno de los países donde sí lo usan o cuando utilice algún libro de uno de estos países (no olvidemos que las sílabas tonales son, más que un sistema de comunicación, una simple herramienta pedagógica).

La idea de que el sistema de Do móvil es el único adecuado para aplicar la MLT viene, en parte, de un apreciación errónea que tienen algunos de lo que es el otro sistema más extendido en el mundo occidental, el del Do fijo: de la creencia de que este es, por sí solo, un sistema musical y no meramente la manera de decir en otros idiomas los nombres de las notas (las letras en la cultura anglo-germana). Así como el Do movible complementa las letras como nombres de las notas absolutas formando un sistema en que las sílabas se usan para las relaciones tonales, en el ámbito del Do fijo, para las relaciones tonales normalmente se recurre a números, formando un sistema parecido en que una cosa complementa la otra (esta vez con las sílabas como nombres de las notas absolutas). La existencia en los países usuarios del Do fijo de gran número de profesores que insisten en enseñar el oído absoluto exclusivamente no quita que el Do fijo sí cuenta con este complemento para las relaciones tonales (como sea que Gordon valore el uso de números para este fin con niños pequeños).

Según Gordon, los números no son apropiados para enseñar las relaciones tonales desde una temprana edad. Dado que los que enseñamos MLT estamos de acuerdo en que para este fin son más efectivas las sílabas tonales, entonces yo pregunto: ¿por qué no empezamos por allí y no por despreciar unos nombres de notas que no tienen nada que ver con el asunto? Los nombres de notas no son el problema. El problema es no enseñar las relaciones tonales auditivamente sino muy tarde y mediante la teoría, o hacerlo con una herramienta poco adecuada para los niños pequeños. En mi opinión sería completamente aceptable intentar convencer a un usuario del sistema de Do fijo que adopte una herramienta comprobadamente mejor que los números para enseñar las relaciones tonales (sobre todo a los niños) sugiriendo que funcionan mucho mejor las sílabas tonales (que no forzosamente tienen que ser las del Do movible). Y en el caso de que este usuario desconozca las ventajas de enseñar las relaciones tonales frente al uso exclusivo de las notas absolutas, se le podría mostrar el valor de enseñar los dos conceptos – ya que se complementan – y a la vez demostrar cómo hacerlo sin necesidad de abandonar su propia tradición musical. No decirle que su sistema musical es pésimo (insultando de paso a miles de músicos de gran talento), no decirle que debería adoptar las letras, abandonar sus nombres de notas y usarlos para otra cosa, añadiendo la engañosa afirmación de que todos lo hacen así, sino demostrarle cómo se pueden aplicar los fundamentos de la MLT en cualquier cultura musical del mundo.

Para que sirvan de ejemplo, cito aquí algunas afirmaciones que he escuchado en mis conversaciones con otros profesores de MLT del entorno anglo-germano cuando descubren que se pueden usar otras sílabas tonales que no sean las del Do movible:

Hay que usar el sistema del Do movible porque es mejor”. Como esta es una afirmación muy general, busquemos más a fondo para averiguar por qué alguien puede opinar así:

Yo enseño las letras porque son universales.” Las letras del alfabeto latino son “universales” únicamente en los países donde se emplea este alfabeto. Rusia, por ejemplo, ¿es de otro universo? Aun suponiendo muy extendido del alfabeto latino, una vez utilizadas las letras para representar un concepto, dejan de ser meras letras y pasan a ser palabras, las cuales rara vez son universales. En inglés y alemán (y otros idiomas del entorno) una nota que tiene la frecuencia de aproximadamente 261hz  se llama C. En castellano, francés, italiano, portugués y otros idiomas latinos y no latinos (y sumados es mucha gente) se llama Do. La C puede significar varias cosas, pero no una nota. Las letras del alfabeto latino como símbolos pueden ser ampliamente extendidas, pero su significado musical no es universal.

Algunos argumentan que las letras se usan en el cifrado de acordes del jazz y música popular y, por tanto, es mejor aprenderlas desde el principio. Desde luego que hay que conocerlas, pero debemos distinguir entre la formación de conceptos básicos, que normalmente se hace pronto y en la lengua materna, y el conocimiento de diferentes prácticas que uno va adquiriendo a lo largo de su vida según sus intereses y necesidades. Si a uno le interesan las ragas indias estudia su terminología y sus prácticas, pero antes (si no es indio) aprende las bases de la música en su propio idioma. Las prácticas del jazz y la música moderna se basan en el inglés, que por muy extendido que esté no es la lengua materna de la mayoría. Cuanto más interés tengan los alumnos, más pronto se acercarán a esta práctica, pero la entenderán mejor si han asimilado desde pequeños en su propia lengua las bases de la música.

El do movible es mejor que el Do fijo porque con este no se puede enseñar las relaciones tonales.” Es verdad que el Do fijo no permite enseñar las relaciones tonales; también es verdad que con las letras como nombres de notas tampoco se puede. No nos equivoquemos de herramienta: ni en un sistema ni en el otro sirven los nombres de notas absolutas para enseñar las relaciones tonales. Podemos opinar sobre las ventajas de una u otra manera de hacerlo, pero no nos confundamos: los nombres de las notas (en este caso, las sílabas del Do fijo) no son el problema.

El Do movible es la idea originaria de las sílabas de Guido de Arezzo, por lo tanto no se debe usar el Do fijo.” Las sílabas del Do fijo llevan cinco siglos formando parte del idioma de países fundamentales en el desarrollo musical de Europa, países que en la época en que se decidió asignar estas sílabas a las notas absolutas estaban en la vanguardia de la música. Fue justo por la evolución musical que estaban experimentando que optaron por el Do fijo, manteniendo los números para referirse a las relaciones tonales. Esta misma necesidad llevó a la adopción de las letras en los países anglo-germanos, quienes optaron por mantener el Do movible (y también los números) para las relaciones tonales. ¿De verdad hay necesidad de cambiar cinco siglos de historia cuando se puede sencillamente adoptar la herramienta que le vaya mejor a cada cual para fomentar la comprensión musical desde los primeros años de edad?

Es mejor adoptar el sistema de Do movible porque lo usa todo el mundo”. Es decir, todo el mundo anglosajón y germánico (aunque ni siquiera todos los profesores allí lo usan). Si hacemos un cálculo sólo de modo orientativo, muy aproximado, la población de países del mundo occidental que emplean el Do móvil suma aproximadamente 692,539,000 personas. Las personas que viven en países donde se emplea el Do fijo son unas 1,366,632,000. Casi el doble.

Si usan otro sistema, los que viajen a nuestros países no se entenderán con los músicos.” En este caso se da por sentado que el destino preferido de un músico serán los mencionados países (¿por su elevado nivel de cultura musical?), de nuevo, dejando fuera a Rusia, por ejemplo. Pero hablemos sólo del tema de la mutua comprensión. Primero, las sílabas tonales son una herramienta pedagógica para ayudar a enseñar un concepto, el de las relaciones tonales. Más que para comunicarse con otros músicos, son una ayuda para uno mismo comprender estas relaciones. Usar sílabas diferentes no cambia el sistema musical, solo cambia el idioma (sistemas diferentes son la música árabe, india o china). Segundo, las sílabas tonales no son música (supuestamente universal) sino los nombres que usamos para las relaciones tonales y por lo tanto, igual que los nombres de las notas, forman parte del lenguaje verbal (que no es universal). Algunos sostienen que las palabras italianas para términos musicales son universales, cuando en realidad son conceptos que todos hemos aprendido primero en nuestras lenguas maternas y luego traducido al italiano. De momento los músicos nos hemos entendido muy bien hablando sobre música traduciendo a diferentes idiomas. ¿O es que todos deberíamos abandonar nuestra lengua materna sólo con el fin de poder hablar de música si viajamos a uno de los mencionados países?

No, traducir siete sílabas junto con los nombres de las notas, no es el problema. Si entiendo las relaciones tonales puedo aprender a hablar de ellas en cualquier idioma; incluso si en aquel idioma sus sílabas tonales son mis nombres de notas – sabiendo a qué se refieren y teniendo un equivalente en mi idioma, las entenderé. Pero si no tengo un equivalente en mi idioma y no entiendo las relaciones tonales, ni siquiera a través de la música podré entenderme con otros músicos. Lo verdaderamente problemático es la falta de comprensión de las relaciones tonales, por lo cual debería ser prioritario enseñar este concepto de la manera más efectiva posible y lo más pronto posible. Esto es lo importante: tener bien asimilado el concepto, no que todos usemos las mismas palabras para referirnos a ello.

Todas estas afirmaciones evidencian tanto un desconocimiento de otras culturas y otros sistemas musicales como una idea sesgada de la propia cultura frente al resto del mundo. El peligro es que cuando un recién llegado a la MLT escucha estas afirmaciones en boca de otros profesores es posible que las acepte tal cual y las repita con otros sin reflexionar, multiplicando el efecto limitador de este tipo de pensamiento. Esto me lleva a hablar de lo que he encontrado en países donde lo habitual es el Do fijo.

 Complejo de inferioridad

Así como los profesores de MLT nativos de países anglosajones o germánicos no suelen ser conscientes de su posible centrismo cultural, los que no son de aquel ámbito no siempre se dan cuenta de su tendencia a valorar más lo que viene de fuera por encima de lo autóctono. Esto se hace evidente en la gran cantidad de palabras inglesas que se adoptan sin necesidad – un ejemplo obvio es la palabra más importante de MLT: audiation. Se dice que no hay equivalente en castellano. Gordon la inventó justamente porque no existía en inglés – y no la buscó en otro idioma, sino que la creó en el suyo. ¿Por qué no crear una palabra en castellano, como “audiación”? Ah no, que suena mal. En inglés no es que audiation suene bien; las primeras veces que un angloparlante la encuentra, extraña bastante, pero ya nos vamos acostumbrando. En castellano, sin embargo, parece ser que audiation, dicha así en inglés, suena mejor que “audiación” o “audiamiento”, equivalentes muy dignos (en mi opinión de no-nativa, claro está).

Esta misma tendencia lleva a que en lugar de captar la esencia de las ideas nuevas que llegan de fuera y amoldarlas a la cultura autóctona, con frecuencia se adoptan las ideas en su totalidad junto a aspectos que son específicos de aquellos países de la cultura dominante. Se aboga por adoptar la manera extranjera “porque así es como lo hace todo el mundo” (todo el mundo de aquellos países, como comenté antes). Se aceptan sin reflexionar los argumentos de quienes vienen de estos países y, debido a que se considera mejor lo que viene de fuera, se hace propio su centrismo cultural, contagiando su modo de pensar a muchos profesores que llegan nuevos a la MLT. Por esta razón he escuchado con mucha frecuencia en la boca de profesores de MLT del país donde vivo (España) las mismas afirmaciones que acabo de citar de profesores del ámbito anglo-germano, cargadas de centrismo cultural.

Esta tendencia comporta lo que debería preocupar mucho a los que desean que se extiendan las ideas de Gordon: hay muchos profesores en los países del Do fijo que rechazan la MLT justamente porque les obliga a adoptar un sistema con el cual no se sienten cómodos. En lugar de exponerles las ventajas de usar sílabas en lugar de números para las relaciones tonales, o de explicarles los beneficios de formar el oído relativo sobre el absoluto, se insiste en que hay que adoptar el Do movible – cosa difícil para muchos – además de aprender nuevos nombres de notas, cuando esto en realidad no es necesario. En mi opinión esto limita el crecimiento de la MLT y, además, no toma en cuenta una premisa importante de Gordon, que es evitar en lo posible la confusión de términos en los alumnos, cuyo aprendizaje sin trabas debería ser la prioridad.

Lo cual me lleva al tercer tipo de pensamiento que limita la aplicación de la MLT fuera de su ámbito original.

 Fundamentalismo

Esta es otra tendencia humana que, por suerte, no es mayoritaria pero que suele obstaculizar la aceptación por otros de unas ideas que, en principio, pueden ser válidas. En el caso de la MLT los escritos de Edwin Gordon son, con toda la razón, la “biblia” de sus seguidores, entre los cuales me incluyo. Pero creo que debemos tener en cuenta todo lo comentado hasta aquí y también ser conscientes del entorno en el cual Gordon desarrolló su teoría, y no tomar sus escritos al pie de la letra sin más.

Una de las características que distingue la teoría de Gordon es justamente su apertura a la diversidad musical. Insiste en la importancia de enseñar un amplio vocabulario tonal y rítmico que incluya modos y métricas diversas para comprender mejor las bases de la música. Por lo tanto parecería del todo injusto acusar precisamente a Gordon y a sus seguidores de centrismo cultural. Pero todos nos formamos dentro de una cultura y Gordon no es una excepción. Esto no le hace menos respetable como creador de la MLT: sencillamente hay que entenderle teniendo en cuenta su entorno.

Gordon creó, junto a otros, una serie de sílabas rítmicas. Reconoció que cualquier persona podría crear otras igual de válidas mientras fuesen consistentes y representasen, como las suyas, las funciones rítmicas y no tuviesen relación con la notación rítmica. Me consta que algunos profesores optan por usar sílabas diferentes que les parecen más cómodas, y nadie se escandaliza por ello. Sin embargo, Gordon no creó su propia serie de sílabas tonales, sino que abogó por usar el sistema del Do movible con La como tónica del menor. Aquí es donde el fundamentalismo encuentra donde agarrarse: si Gordon dice que hay que usar el Do movible, hay que usarlo, aunque pueda haber otras maneras.

¿Pero por qué optó Gordon por usar el Do movible? Por la sencilla razón de que lo tenía a mano, dentro de su cultura, y era una herramienta que se adaptaba perfectamente a sus necesidades. De no haber existido, podríamos aventurar que Gordon hubiera inventado una serie de sílabas tonales, igual que creó las rítmicas, y suponer que hubiera dicho lo mismo sobre ellas que dijo sobre las rítmicas. Sin embargo no le hizo falta, y viniendo él de la cultura del Do movible tampoco creyó inconveniente que todo el mundo lo adoptara.

No tengo constancia de que Gordon haya contemplado la posibilidad de usar sílabas tonales alternativas igual que admitió la posibilidad de otras sílabas rítmicas. En su pequeño libro Quick and Easy Introductions to MLT (página 8) dice: “Aunque hay varios sistemas de sílabas que se pueden usar…se recomienda el Do movible con La como tónica del menor y utilizar las funciones rítmicas de macro y micropulso para los patrones rítmicos”. Aunque, lamentablemente, no le podemos preguntar, creo probable que estaba pensando en la idoneidad del Do movible con La como tónica del menor frente al Do como tónica del mayor y del menor, y no en unas sílabas tonales alternativas que funcionen igual que las del sistema que él recomienda. El haber estado abierto al uso de sílabas rítmicas alternativas hace pensar que también lo estaría frente al uso de otras sílabas tonales, suponiendo que cumplieran el mismo propósito. Por esta razón, insistir en que hay que usar el Do móvil sólo porque Gordon lo dijo únicamente puede considerarse fundamentalismo. Un fundamentalismo que, además, olvida el concepto mencionado antes – igualmente de la teoría de Gordon – referente a evitar la confusión en los alumnos (lo cual suele ocurrir cuando se aplica el Do movible donde lo normal es el Do fijo).

Por una MLT multicultural

En un mundo multicultural debemos ser capaces de ver la esencia de las ideas, vengan de donde vengan, para poder valorarlas y aplicarlas en situaciones nuevas. Por lo tanto, interpretar literalmente las palabras de Gordon sin comprender su esencia solo limita su aplicación en un mundo muy diverso. La MLT ya encuentra suficientes barreras en su aplicación como para añadir otras desde dentro de las filas de sus adeptos.

¿Cuál es la esencia de la teoría de Gordon?  Si la he entendido bien es que debemos educar la capacidad de comprender auditivamente la música cuanto antes mejor, mucho antes de que aparezca la capacidad de comprenderla teóricamente, y debemos seguir la secuencia correcta en este proceso, evitando en lo posible toda confusión de términos cuando el alumno empieza a poner nombres a los conceptos.

Además (y desconozco si Gordon se pronunció al respecto) creo que cualquier profesor de música preferiría que al aplicar la MLT sus alumnos no encontrasen contradicciones de significado entre las palabras que usan en clase de música y fuera de ella. También supongo que un profesor preferiría no tener que desaprender lo que ha aprendido a lo largo de su carrera, si no es necesario; y que valorará sentirse cómodo con la herramienta que va a usar con sus alumnos. Proporcionar a los profesores la opción de escoger la herramienta que, a su entender, facilita mejor el aprendizaje de sus alumnos y con la cual se sienten más cómodos, allanaría el camino al crecimiento de la MLT alrededor del mundo.

En este caso la herramienta que llevo proponiendo en este blog (de la misma manera que otros podrán proponer herramientas diferentes en el futuro) es una serie de sílabas tonales alternativas que complementan los nombres de las notas absolutas del Do fijo. Las vengo aplicando con mis alumnos desde hace unos seis años con óptimos resultados.  Aunque requieren que uno haga el pequeño esfuerzo de aprenderse las sílabas, por lo menos no le obligan (ni tampoco a los alumnos) a desaprenderse nada, ni a cambiarles el concepto a unas palabras aprendidas desde niño (las sílabas del Do fijo), ni a aprender nuevos nombres de notas (las letras). No entran en conflicto con ningún otro concepto que el alumno pueda encontrar, ni en su vida diaria ni en otras clases de música. Y permiten aprender sin trabas a una edad muy temprana un concepto tan importante como son las relaciones tonales. Y ya que asimilan sin confusiones el concepto, los alumnos mayores no tienen ningún problema en entender otro sistema como el Do movible cuando lo encuentran.

Con esto no quiero dar a entender que los profesores que ya usan el Do movible en países donde es habitual el Do fijo deban adoptar las sílabas alternativas (aunque espero que estos comentarios les sirvan para reflexionar). Lo que sí creo necesario para promover la teoría de Gordon es que desde las organizaciones de MLT se respalden aquellas nuevas vías de aplicación de la teoría que se demuestren válidas (en este caso hablo de las sílabas alternativas, pero pueden haber otras vías en el futuro), dándolas a conocer a los que se acercan por primera vez a la MLT para que puedan valorar las distintas herramientas que hay para aplicarla. En vez de insistir en una sola línea de pensamiento (lo cual, a la larga, solo tiende a limitar la aceptación de la MLT fuera de su ámbito original) creo que sería mejor mostrar la voluntad de adaptarse al entorno cultural del país enseñando en los cursos de formación cuáles son las diferentes maneras que hay para educar según la teoría de Gordon. Mostrar públicamente apoyo a aquellos profesores que decidan probar las nuevas vías en sus escuelas (estas a menudo esperan ver un respaldo “oficial” antes de aprobar un proyecto, y hay profesores que dudan en lanzarse a probar las sílabas alternativas si no ven un apoyo “desde arriba”). Aprobar estas nuevas ideas, si se demuestran efectivas, demostraría que la MLT es una teoría amplia que no tiene por qué ser exclusiva de un solo ámbito cultural. Algunos pueden temer que se formen diferentes campos dentro de la comunidad MLT, pero creo que no hay que temer la diversidad si todos mantenemos una idea clara de la esencia de la teoría, de que todos estamos trabajando para el mismo fin con la herramienta que nos funcione mejor en nuestra situación. Facilitar esto favorecerá la expansión de MLT. El mundo es diverso; MLT también puede serlo.

Les corresponde a los que promueven la MLT alrededor del mundo decidir si prefieren una globalización donde la cultura dominante sea la que determina la pedagogía sin tener en cuenta las culturas locales, o si prefieren conseguir una todavía mayor globalización de una MLT multicultural, respetuosa con la inmensa diversidad del mundo y adaptada a ella. Una MLT útil para todos.

En mi opinión, por mucho que el mundo vaya a ser cada vez más globalizado, la música es nuestra primera lengua, íntimamente ligada a nuestras primeras palabras, y hasta que con la globalización finalmente desaparezcan todas las culturas con sus lenguas, debemos ser respetuosos con estas por el bien del aprendizaje musical de los niños y por respeto y empatía con ellos y sus profesores; debemos ser conscientes del trasfondo de nuestro pensamiento y evitar que nos lleve por un camino estrecho cuando este podría ser amplio. Una MLT multicultural será una MLT cada vez más fuerte y extendida en el mundo. Una MLT cerrada y monocultural, aunque siempre convencerá a algunos, no llegará a todos los que podría, lo cual sería verdaderamente desafortunado.