Educación musical temprana: qué importancia tiene?

Nunca he sido partidaria de la moda de crear “super-bebés” con la estimulación precoz: siempre me ha parecido antinatural e incluso posiblemente dañino, según como se enfoque. Tampoco me atraen mucho esas clases enormes de niños de tres años todos tocando a la vez la misma pieza, de la misma forma, en sus violines minúsculos. No dudo que sean efectivas, pero por lo que yo he visto en lo que al instrumento se refiere, lo que aprende a tocar en un año un niño de tres años lo aprende uno de seis en pocos meses. Siempre me ha parecido que no era necesario empezar un instrumento tan temprano.

De modo similar, las clases de música para la primera infancia, esas donde se reúnen las madres para aprender canciones infantiles, me parecían bien pero tampoco muy necesarias. Pero las últimas investigaciones no sólo confirman lo que Gordon y muchos otros llevan mucho tiempo diciendo (que el aprendizaje musical es parecido al aprendizaje del lenguaje) sino que van mucho más allá y afirman que la música es la base del lenguaje, que sin la capacidad de manipular y ordenar los sonidos (capacidad musical) el lenguaje hablado sería imposible. Además, el aprendizaje musical activa incontables circuitos neuronales que son útiles para otras actividades; así es como la música fomenta el aprendizaje de la lectura y las matemáticas, además de otras áreas como el desarrollo de la empatía, por poner solo algunos ejemplos.

Si pensamos en lo importantes que son los primeros años de la infancia para el lenguaje, es lógico considerar que deben de ser igualmente importantes para la música. Y si la música es vital para el desarrollo del lenguaje, indiscutiblemente la música no debe faltar en esta etapa. Resulta que esas canciones infantiles y juegos musicales nos estaban enseñando a entender el lenguaje, a seguir su ritmo para poderlo leer, a coordinar los músculos, a entender los sentimientos de otros, y mil cosas más.

Y de hecho, nunca había faltado la música en esta etapa en toda la historia de la humanidad, hasta hace muy poco. Ahora hay cada vez más familias donde nunca se ha cantado a los hijos y donde nunca se ha tocado ningún tipo de instrumento musical. Hay mucha música en el ambiente, pero la música que realmente forma y enseña es la que cantan los seres queridos en casa. ¿Acaso algún bebé ha aprendido a hablar escuchando la televisión o la radio? Es urgente recuperar la rica tradición de cantos que había para cualquier momento y actividad del día, y si las clases de música en la primera infancia ayudan a hacerlo, bienvenidas sean. No solo porque sea un pena que se pierda una tradición de generaciones, que también, sino porque esas canciones son necesarias para el desarrollo de nuestros hijos.

Dicho todo esto, ha sido al comprender el proceso de desarrollo del pensamiento musical (“audiation“) que explica Edwin Gordon, que he visto lo tremendamente útil que puede ser la educación musical temprana si se enfoca a ese fin. No para crear super-instrumentistas. Lo que Gordon propone es “trabajar” la música de la misma manera que los padres instintivamente “trabajan” el lenguaje con los hijos, imitando, repitiendo, enseñándoles a utilizar las palabras. O sea, enseñar a pensar con música de la misma manera que enseñamos a nuestros hijos a pensar con palabras. Al hacer esto no solo les preparamos para una vida de disfrute y crecimiento con la música (tocar un instrumento les será mucho más sencillo) sino que a la vez estamos contribuyendo a su desarrollo intelectual, social y emocional.

Esto sí lo veo importante. Esto no es estimulación precoz ni fabricar super-bebés ni niños prodigio. Este tipo de educación musical temprana no solo es útil sino necesaria en estos tiempos en que tantos niños son privados de lo que en generaciones anteriores se daba por hecho. Es recuperar la música para lo que siempre se ha utilizado en la infancia: para formarnos como seres humanos.

Los músicos siempre hemos sabido que la música es importante, pero solo ahora empezamos a entender hasta qué punto.